UNA IMPRESION DEL SUR
Gerardo Vargas, Foro Emaús / Pastoral Social
Me han pedido que dé mi opinión acerca de este seminario. Citando
el titulo de una canción de un cantautor de Centro América, Ricardo
Cajona, "Si el Norte fuera el Sur", pienso que, si este fuera
el caso, si realmente, el Norte fuera el Sur, entonces vosotros
seríais productores y trabajadores bananeros , y nosotros, los
del Sur, seríamos consumidores. Si el Norte fuera el Sur, vosotros
tendríais un concepto de lo que es el Comercio Justo y nosotros
tendríamos otro diferente. Si el Norte fuera el Sur, este seminario
seguramente habría tenido lugar en Honduras, San Vincente o Ghana,
en cuyo caso vosotros habríais sido los invitados y nosotros los
organizadores. Sin embargo, nada de esto es real, tan sólo se
trata de una canción.
El Norte sigue siendo el Norte y el Sur sigue siendo el Sur. El
Norte pertenece a la Unión Europea, la OMC, la cual dicta las
leyes, las normas y el GATT. Todas las compañías transnacionales
se encuentran en el Norte. A él pertenecen también la OEA y la
ONU. Estas dos organizaciones sostienen que hay que invadir Irak
que usa armas biológicas, y no los Estados Unidos que poseen misiles.
Pero el Norte sigue siendo el Norte y el Sur sigue siendo el Sur.
Este seminario, en el que hemos participado, debe servir de iniciativa
para la próxima conferencia bananera. En esta conferencia, deberíamos
olvidar esta división entre el Norte y el Sur, y considerar que
todos somos habitantes de un sólo mundo en el que Norte y Sur
únicamente representan extremos geográficos, donde todos somos
seres humanos, es decir, personas. Así, pienso que nuestro objetivo
debe ser el comercio, pero con el fin de obtener una vida digna
para todos. Si este fuera el caso, entonces sí tendría lógica
que el Norte fuera el Sur y viceversa.
En este seminario, hemos hablado de normas, leyes, tratados de
la OMC y de la Unión Europea, todos orientados únicamente a regular
las relaciones políticas y económicas entre los países, y a controlar
un mercado, a menudo abstracto, destinado a proteger los intereses
de las compañías transnacionales de los gobiernos capitalistas,
que mandan sobre todos nosotros. Estos acuerdos entre los diferentes
países se basan en un factor económico, ya que el dinero mueve
el mundo. En efecto, el dinero mueve nuestras economías, así como
las relaciones entre los países y los continentes.
En este seminario, hemos tenido igualmente ocasión de conocer
muchas organizaciones, algunas nuevas para nosotros, otras no
tanto. Hemos comprobado que aquí existe un ejército que lucha
por el Comercio Justo. En la medida que dicho ejército vaya adquiriendo
fuerzas y determinando su posición, la situación en la que viven
estos países irá cambiando. Por lo que hemos escuchado aquí, comprendemos
que el Comercio Justo tiene futuro, y nos alegra. Nos alegra no
sólo que se trate de un comercio, sino de un Comercio Justo. Y
conforme que este comercio evolucione, la realidad de nuestros
países y sus habitantes también mejorará.
Este seminario nos ha ayudado a comprender qué grande es la misión
que tenemos que realizar tanto vosotros, los del Norte, como nosotros,
los del Sur. Vosotros, los del Norte, tenéis la misión de seguir
luchando por un Comercio Justo. Sin duda una empresa difícil,
ya que consiste en concienciar a millones de personas de que no
se trata únicamente del comercio de un banano bonito, sino de
un banano justo y limpio, tanto en lo referente a la sociedad
como en lo referente al medio ambiente. Nosotros, por nuestra
parte, tenemos la misión de intensificar la lucha contra nuestros
gobiernos. Muchos de estos gobiernos han sido impuestos por compañías
transnacionales. Nuestro deber es, así pues, presionar dichos
gobiernos con el fin de conseguir que cumplan con los tratatados
sociales y medioambientales, en la produción bananera. Las compañías
transnacionales y sus gobiernos intentarán destruir todos estos
esfuerzos, tanto los vuestros como los nuestros, puesto que les
interesa mantener el monopolio. Por todo ello, continuarán imponiendo
las leyes. Y las normas, y eligiendo a los presidentes y a los
ministros. Estas compañías nos impedirán, a ambos, buscar una
alternativa en la producción y el mercado bananero, ya que cualquier
cambio supondría una pérdida de privilegios por su parte.
Por último decir que todas estas iniciativas hacia la Conferencia
Internacional Bananera deben convencernos, tanto a los del Norte
como a los del Sur, de que es preciso realizar un cambio para
ambos. Tanto en el plano político, como en el plano social y económico.
Sin duda este cambio supondrá la justicia para los pobres del
Norte y del Sur. Es nuestro deber, así pues, que el próximo siglo
XXI nos sorprenda luchando por este cambio. En definitiva, Norte
y Sur son únicamente dos puntos geográficos que nos separan. Por
eso debemos defender juntos el banano del siglo XX. De todas formas,
la justicia no conoce ni Sur ni Norte.
Muchas gracias.