Discurso de Ilse Friis Madsen, Familias Verdes de Dinamarca
Estimada Audiencia, un relato desde Dinamarca. La primera vez
que probé un banano yo tenía 9 años. En aquellos años de guerra,
y todavía bastante tiempo después, en Dinamarca no era posible
comprar bananos. Sin embargo, en mi imaginación, pude comer muchos
bananos atravesando la jungla con un Tarzán que no era sino mi
hermano mayor. Para nosotros, el banano, esa fruta de las selvas
tropicales, era un símbolo de libertad en el trabajo, de prosperidad
y de armonía con la naturaleza. Algunos años después de la guerra
mi familia se marchó de vacaciones a Inglaterra, y yo, que era
la más pequeña, tuve que quedarme en casa con mis abuelos. Mis
padres prometieron traerme un banano y cumplir de esta manera
uno de mis mayores deseos. Así pues, consiguieron hacerse con
la preciada mercancía, pero ya pueden ustedes imaginar el estado
de esta al llegar a Dinamarca tras el largo viaje en el coche
familiar. ¡Estoy segura de que no reunía ninguna de las normas
que se mencionaron ayer aquí! ¡Qué grande fue mi decepción cuando
vi aquella cosa pequeña y ennegrecida! Peor fue aún, cuando la
probé
Esa fue mi primera experiencia en el mundo del banano.
Me llamo Ilse Friis Madsen, soy dentista y dirijo una clínica
privada en Roskilde, al Oeste de Copenhague. Es para mi un placer
el haber sido invitada a este congreso ya que los problemas que
abarca el tema del comercio justo tienen un gran interés para
el consumidor político, al cual yo represento. Mi presencia en
este congreso no está ligada a ningún tema concreto dentro del
mundo del banano, sino más bien al hecho de que formo parte de
una nueva asociación de consumidores llamada Asociación Nacional
de Familias Verdes de Dinamarca. Soy la vicepresidenta del comité
central y la presidenta de uno de los comités locales. Llevo trabajando
desde 1994 en esta asociación. Quisiera, a través de mi intervención,
presentarles nuestra organización, cómo y cuando fue creada, su
estructura, los temas que tratamos y también hablarles de nuestra
campaña actual contra los organismos manipulados genéticamente
(
) tanto en los alimentos como en la naturaleza. Este tema representa
en gran medida uno de los puntos de intersección con los problemas
del comercio justo de bananos.
Familias Verdes es la continuación de un proyecto que fue desarrollado
por la Asociación Nacional Danesa de Consumidores, en la cual
ahora contamos con una representación de dos miembros. El proyecto,
que comenzó en 1989, consistía en una campaña informativa sobre
medio ambiente. De esta forma, se escogió a 26 familias danesas
para que redactaran un diario de su consumo que permitiera observar
las ventajas ecológicas y las barreras que surgen a la hora de
prestar una mayor atención al medio ambiente en la vida cotidiana.
El experimento se llevó a cabo durante 3 años, terminando en 1992.
Se demostró que era posible avanzar en el terreno ecológico mediante
información al consumidor; pero el mejor resultado se obtenía
cuando la información se establecía de manera interactiva con
el consumidor, el comercio, la industria y las autoridades locales.
Así fue como en 1992, inspirados por la Cumbre de Río, un puñado
de idealistas tomó la iniciativa de crear una asociación de consumidores
bajo el nombre de Asociación Nacional de Familias Verdes de Dinamarca,
cuyo objetivo sería fomentar el apoyo al comercio y consumo sostenible
desde la actitud diaria del consumidor. Sin duda, existen muchas
barreras cuando uno intenta adaptar su estilo de vida a lo que
se sabe sería beneficioso para el medio ambiente. Por ejemplo,
la identidad y la imagen de cada uno juega un papel más importante
de lo que se cree. Debemos prestar una mayor atención a este tipo
de cosas si queremos tener éxito.
La base económica de la organización fue constituida por el Fondo
Verde, creado por el ministerio danés de medio ambiente. Nuestra
asociación se divide en 15 asociaciones locales, que corresponden
a cada una de las provincias, y reúne a 3000 miembros en total,
una cifra que va en aumento. La asociación se basa en tres pilares:
el comité central, nuestra revista trimestral Grøn Hverdag y,
por último aunque no menos importante, el secretariado de Copenhague.
Las 15 asociaciones locales trabajan independientemente y administran
su propio presupuesto, el cual es financiado mediante las cuotas
de los socios así como mediante la recogida de fondos y subvenciones.
Nuestro objetivo puede definirse de la manera siguiente: Tomar
parte, tanto a nivel local como nacional, en la Agenda 21 tal
y como fue acordado por las Naciones Unidas en la Cumbre de Río
en 1992, en la que se animaba a los gobiernos locales, a los productores,
a los distribuidores y a los consumidores a cooperar en aras de
nuestro medio ambiente para el siglo XXI. Este objetivo intenta
ser desarrollado como sigue:
- Trabajar en pro del comercio y consumo sostenible mediante campañas,
exposiciones etc. tanto a nivel local como a nivel nacional.
- Presentar las peticiones de los consumidores a los políticos para
conseguir una mejor legislación en cuestiones medioambientales.
- Presentar ante los productores y distribuidores las peticiones
para lograr productos y embalajes ecológicamente sostenibles.
- Informar acerca de los productos y formas de comportamiento que
conlleven un estilo de vida más sostenible para los consumidores
daneses.
El carácter de nuestros objetivos deja margen para una amplia
variedad de iniciativas, lo cual se refleja en las distintas actividades
que tienen lugar en la asociación. La organización de exposiciones,
ferias y mercados donde se presentan alimentos orgánicos y otros
productos que podríamos denominar sostenibles, nos permite entrar
en contacto con los consumidores y hacerles ver que su comportamiento
cotidiano a nivel familiar o individual afecta a los recursos
naturales. Sin lugar a duda, el comercio justo es otro de los
temas centrales. En esas ferias y mercados, solemos servir café
o té bajo comercio justo, a la vez que explicamos el concepto.
Ahora que los bananos bajo comercio justo han sido introducidos
hace un año en el mercado danés, también podemos ofrecer este
producto y hacer ver al consumidor que existe esta alternativa,
otra forma de actuar que puede repercutir de manera efectiva en
una mayor sostenibilidad y justicia. Pero aún falta mucha información
sobre el concepto en las tiendas.
Hemos llevado a cabo algunas campañas a nivel nacional: En 1994
organizamos una recogida de firmas para conseguir agua potable
limpia. La 80.000 firmas que recogimos fueron llevadas ante el
Primer Ministro en la apertura de nuestro Parlamento tras las
vacaciones de verano. Esta acción ayudó a definir el debate, a
la vez que sirvió de apoyo para nuestros políticos en las negociaciones,
tanto a nivel nacional como a nivel de la Unión Europea.
En 1996 trabajamos para obtener el consenso de Dinamarca sobre
el sello Nórdica de productos sostenibles no alimenticios, el
Cisne. El consenso fue conseguido en enero del año pasado.
Siempre hay muchas actividades en marcha en el seno de las 15
asociaciones. También solemos colaborar con otras organizaciones.
Así, hacemos excursiones, lecturas, debates y exposiciones para
informar sobre cómo llevar una vida más sostenible; mantenemos
un diálogo con los políticos locales y los comerciantes. El año
pasado y el anterior vendimos árboles de Navidad ecológicos en
Roskilde, mi ciudad. Normalmente, en el cultivo de estos árboles
se emplean muchos pesticidas lo que es comparable al cultivo del
banano. El primer año era frecuente escuchar el siguiente comentario:
¿Qué importa si tienen o no pesticidas? ¡Los árboles de Navidad
no se comen!. Al año siguiente, gracias al gran esfuerzo informativo
que desarrollamos en ese tiempo, hubo mucha más comprensión acerca
de nuestra actuación y la venta fue buena.
En cuanto a nuestra revista - de la que he traído algunos ejemplares
para que puedan leerla - se trata de una recopilación de artículos
relevantes y contiene información dirigida a los miembros actuales
- y también a los miembros potenciales -, así como intercambio
de ideas entre los miembros. Utilizamos esta revista que tiene
un gran valor para la organización, como método de captación de
miembros. Su relevancia dentro del comercio ecológico va en aumento,
algo que podemos constatar a partir de la creciente demanda para
adquirir espacios publicitarios en la revista.
En 1997 comenzamos a colaborar con otras 18 organizaciones de
menos y mayor envergadura para llevar a cabo una campaña contra
los organismos manipulados genéticamente en la producción de alimentos.
Esta campaña se prolongará hasta mayo del presente año. Todas
las organizaciones se han puesto de acuerdo en la realización
de una campaña de recogida de firmas, así como en introducir la
mayor cantidad de información posible a través de los medios de
comunicación sobre los riesgos que el uso actual de la biotecnología
supone.
En las hojas para la recogida de firmas se recogen 3 cuestiones.
Este es el texto:
Solicito al Parlamento Danés la introducción de una legislación
que proteja al ser humano y al medio ambiente frente al uso de
la biotecnología. Así, reclamo lo siguiente:
- Prohibición de la producción y uso de los alimentos manipulados
genéticamente.
- Prohibición para impedir la diseminación en el medio ambiente
de organismos manipulados genéticamente.
- Prohibición para impedir las patentes de animales y plantas, y
de sus genes.
Como ven, no entramos en el campo de la medicina, pero en cualquier
caso estimamos que los conocimientos actuales entrañan unos riesgos
demasiado elevados en el uso de la biotecnología. Sabemos que
esta acelerará el deterioro actual de la biodiversidad y que provocará
un aumento del monopolio en el sector de la alimentación. Si el
desarrollo continúa bajo las coordenadas actuales, pronto sólo
habrá de 5 a 10 grandes industrias productoras de vida que controlarán
todas las semillas de maíz, los pesticidas, la producción y distribución
de alimentos
de tal manera que el monocultivo se impondrá, tanto
en humanos como en animales y plantas. Se trata de un desarrollo
aterrador que esperamos, con la ayuda de la gente de otras naciones,
poder parar, a pesar de que somos conscientes de la dificultad
de nuestro objetivo y del poco tiempo de que disponemos.
No ha sido fácil coordinar el trabajo de 19 organizaciones tan
diferentes, ni tampoco encontrar un número suficiente de voluntarios
para la recogida de firmas. Se trata de un tema complejo, que
resulta con frecuencia difícil de entender, de tal manera que
hay muchos que piensan que la biotecnología es una consecuencia
inevitable del desarrollo. PERO, cuando salimos a la calle para
recoger las firmas, no nos resulta difícil. Hay mucha gente que
desconfía enormemente del uso de esta técnica. Creemos que la
introducción de estos métodos en la producción de alimentos va
en contra de nuestros derechos democráticos. Y es que, estos métodos
no se están estableciendo porque la gente los quiera, sino por
motivos económicos que atañen a la industria. Confiamos en que
las Familias Verdes, junto con organizaciones e individuos de
todo el mundo, podrán ayudar para evitar este desarrollo.
Muchas gracias por su atención.